miércoles, 31 de diciembre de 2008

"Había soñado siempre vivir en el desierto, y todo soñador infantil confesará haber tenido alguna vez la misma fantasía. Pero creedme, hermanos: tenemos el corazón demasiado tierno para pasarnos los unos sin los otros. Y lo mejor que podemos hacer es soportarnos mutuamente, pues somos como esos niños, salidos de un mismo seno, que se molestan, pelean e incluso se pegan, y no pueden, sin embargo, vivir separados".
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Un invierno en Mallorca, George Sand

lunes, 22 de diciembre de 2008

Si hay una época cínica e hipócrita en el año esa es la Navidad. El antiguo espíritu se ha perdido para pasar a ser un momento de mercadería y abuso del consumo. El francés de origen argelino Ridan, con su crítica social, analiza alguno de esos aspectos. Ahí va una de mis temas favoritos, Partie de golf:
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domingo, 21 de diciembre de 2008

"Definía las ideas como el paso de las nubes por el cerebro, decía que la contemplación del relámpago era lo que había enseñado a caminar al hombre. Una de las últimas cosas que le oí fue que el día que se extinguiese el sol o dejase de alumbrar, el hombre sería ciego durante el día y estaría toda la noche soñando, es decir, viendo".
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Oppiano Licario, José Lezama Lima

domingo, 14 de diciembre de 2008

No sólo Egipto ha reportado importantes documentos para el conocimiento de la cultura romana. Inglaterra, con su suelo de turba y su alto contenido de humedad, ha conservado abundante material orgánico, en especial madera.
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Uno de los medios habituales para la escritura, por su escaso valor, eran las tablillas de madera, ya fuesen éstas enceradas y escritas a punta de estilete o sin encerar y escritas con tinta. Su conservación no es muy común por lo altamente degradable del soporte, sin embargo, uno de los yacimientos ingleses ha conservado numerosas tablillas escritas con tinta. Se trata del fuerte romano de Vindolanda.
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Por su condición de fuerte militar se conservan numerosas tablillas de tipo administrativo, con inventarios de armas y suministros, sin embargo algunas de ellas tienen un carácter personal y son cartas escritas por las personas que allí habitaban. Una de las más importantes es la escrita a finales del siglo I o inicios del siglo II d. de C. por Claudia Severa, ya que se trata del primer texto conocido escrito personalmente por una mujer romana, y del que muestro la imagen, expuesta en el British Museum de Londres.
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La traducción de todas ellas se encuentra en la magnífica página del yacimiento (http://vindolanda.csad.ox.ac.uk/4DLink2/4DACTION/WebRequestQuery), aunque se encuentre en lengua inglesa. Sin embargo, la famosa carta de Claudia Severa sí que he podido localizarla en castellano y reza lo que sigue:
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"Claudia Severa saluda a su querida Lepidina. El 11 de Septiembre, hermana, para el día de la celebración de mi cumpleaños, te ruego que procures venir para hacernos el día más agradable. Saluda de mi parte a tu querido Cerialis. Mi Aelius y mi hijito también te mandan un saludo. Cuento contigo, hermana. Deseo, hermana, que estés bien de salud, alma mía, así como yo espero encontrarme bien, queridísima. Un saludo".
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La carta va dirigida a Sulpicia Lepidina, esposa de Flavius Cerialis, prefecto de la Novena Cohorte Batavia, localizada en dicho fuerte, y es escrita por Claudia Severa, hermana de la primera y esposa de Aelius Brocchus, prefecto de otro fuerte militar cercano.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

El lejano Egipto, con su clima árido y seco, ha reportado infinidad de material orgánico perteneciente a las distintas culturas que allí han habitado. Los períodos ptolemaico y romano están bien representados en numerosos hallazgos especialmente, en el último caso, en el oasis del Fayum. Sin embargo, ha sido la pequeña ciudad de Oxyrinchus la que mayor cantidad de documentación ha conservado, con su ingente colección de papiros y ostracas que han permitido reconstruir de una forma fidedigna gran parte de los aspectos de la vida cotidiana del final del mundo egipcio.
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El archivo de Zenón, del período ptolemaico, y la inmensa colección de papiros de los períodos ptolemaico y romano estudiados por la Egypt Exploration Society conservan auténticas joyas, aunque a mí personalmente me fascinan las cartas personales, ya sean formales, cariñosas o recriminantes. Creo que son la verdadera muestra de la personalidad de aquellas personas que habitaron el mundo clásico y sorprenden por sus formalismos y falta de espontaneidad, aunque de buen seguro que no serían tan comunes como lo eran hasta hace bien poco. Escojo una de ellas, perteneciente a la ya citada colección de papiros de Oxyrinchus:
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"Flavius Herculanus a la dulce y muy honorable Aplonarion, muchos saludos. Me he alegrado mucho al recibir una carta que me dió el cuchillero, si bien no he recibido la que tú me dices haber enviado a través de Platón, el hijo del bailarín. Pero me ha apenado mucho que no hayas venido al cumpleaños de mi hijo, ni tú ni tu marido, os habríais podido divertir en su compañía algunos días. Sin duda tuviste algo más importante que hacer, y ésa es la razón de que nos hayas desdeñado. Te deseo tanto como a mí mismo que seas siempre feliz, pero de nuevo lamento que estés lejos de mí. Si lejos de mí no eres infeliz, me alegro con esa felicidad, incluso aunque me consuma el no poder verte. Haz lo que te parezca. En cualquier momento que tú desees vernos serás recibida con alegría. Ven, te lo ruego, a Mesore para que podamos verte. Transmítele mis saludos a tu madre, a tu padre y a Callías. Mi hijo te saluda, así como su madre y Dionysius, el trabajador que me ayuda en el establo. Saludos a todos los que te aman. Ruego por tu salud".

viernes, 5 de diciembre de 2008

"De niño me gustaba lo que se ve; de adolescente, lo que se siente; al hombre que soy, ya no le gusta nada. Y, sin embargo, ¡cuantas cosas tengo en el alma, cuantas fuerzas íntimas y cuantos océanos de ira y de amores chocan, se quiebran en este corazón tan débil, tan caído, tan cansado, tan agotado!"
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Memorias de un loco, Gustave Flaubert

jueves, 4 de diciembre de 2008

El sueco Jens Lekman ha sido uno de mis descubrimientos de este año y he de reconocer que me he convertido en un fiel seguidor, me parece fantástico. Su último disco "Night falls over Kortedala" me encanta y el tema promocional también, ahí va:
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domingo, 30 de noviembre de 2008

Este detalle del fulcrum de uno de los lechos descubierto en el tablinum de la Casa del Menandro de Pompeya muestra la riqueza decorativa que podían presentar algunos de estos ejemplares. Aunque presenta un elemento ajeno al propio fulcrum, como es el respaldo alto, tan típico de los lechos procedentes de las ciudades del área vesubiana, la estructura básica se conserva intacta.
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El montante, fabricado en bronce, presenta un medallón decorado con un pequeño busto del dios Sileno coronado de pámpanos y cargado de frutos estivales y un remate de forma inusual, una figura de erote recostado portador de un pato y un racimo de uvas. Esta figura es rara y como comenté en el post anterior lo más común es que se remate con un prótomo animal. En cualquiera de los casos ambos elementos hacen referencia al mundo dionisíaco y quizá aludan a un posible uso como lechos triclinares, aunque su practicidad en este caso parece un tanto dudosa. Más rara aún es la asociación con dichas figuras del aplique en forma de estatuilla de Hércules que corona el respaldo del lecho, aunque la presencia de su figura en Pompeya y Herculano es bastante común, sobre todo por la tradición que hablaba de que la ciudad de Herculano había sido fundada por el propio Hércules.
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Independientemente de estos elementos se puede observar cómo se ha cubierto el espacio comprendido entre el medallón y el remate del fulcrum con una plaquita de bronce con incrustaciones de plata y cobre nielado, decorada con los característicos róleos vegetales que suelen adornar dichos elementos. En ocasiones se sustituye dicha decoración broncínea por un aplique de marfil o hueso labrado imitando igualmente motivos vegetales, existiendo en Pompeya algunos ejemplares de alta calidad técnica.
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A pesar de la variedad de ejemplares descubiertos en todo el Imperio la gran mayoría pertenecen a los siglos I a. de C. y I d. de C., por lo que las tipologías de lechos utilizadas posteriormente sólo se pueden reconstruir a través de sus representaciones en pinturas y mosaicos, y a partir de los escasos restos conservados como el de la Villa de Lucio Vero en Aqqua Traversa, actualmente conservado en el Metropolitan Museum de Nueva York (http://www.flickr.com/photos/elissacorsini/1174154809/), o el lecho funerario de Collelongo, albergado en el Museo Archaeologico Nazionale de Chieti.


El segundo tipo de lecho conocido es aquel cuyo cabecero estaba decorado con el fulcrum, pieza de madera con una forma sinuosa, a modo de almohadón, que servía para reposar la cabeza durante el sueño. Aunque a primera vista pueda parecer incómodo, iba completamente cubierto por el colchón que cubría el resto de la cama, por lo que debía ser mullido e incluso cómodo.
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El fulcrum, por regla general, presentaba sus laterales ricamente decorados. Los modelos más comunes son los de bronce combinados con apliques de plata, cobre y hueso, siendo uno de los mejores ejemplares hasta ahora descubierto el exhibido en la Centrale Montemartini de Roma, procedente de Amiterno; sin embargo, el hecho de que se trate de un lecho funerario, o tal vez de parada, con doble cabecero hace que sea un ejemplo un tanto especial y menos común (http://www.centralemontemartini.org/percorsi/percorsi_per_sale/sala_colonne/arredi_funerari_e_domestici).
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Los modelos más sencillos de fulcrum presentan una estructura de bronce, aunque lo más probable es que la mayoría se fabricasen en madera y hayan desaparecido, decorada con un disco en su parte inferior y en su remate con un prótomo animal, en general de cisne o de mula. Los modelos más elaborados presentan el disco decorado con un busto de uno de los personajes del cortejo báquico, normalmente Sileno, o con uno de un erote, aunque hay excepciones. El remate, en cambio, suele decorarse, incluso en los modelos más elaborados, con un prótomo de mula o cisne, aunque también se conocen algunos con prótomos de perro, elefante e incluso figuras humanas recostadas. El espacio intermedio comprendido entre el disco y el remate puede aparecer sin ninguna decoración, pero lo más común es que presente ricos motivos vegetales.
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Lo que sí era común en todos ellos eran las patas de bronce imitando la madera torneada. Se han descubierto ejemplares a lo largo de todo el Imperio, destacando por su número los procedentes del Norte de África o el magnífico ejemplar descubierto en el naufragio de Fourmige, de bronce dorado.
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Aunque se han podido reconstruir varios ejemplares en Roma, Chieti, Nueva York..., algunos de ellos de gran opulencia al haberse fabricado en marfil, he elegido este sencillo lecho, descubierto en una de las villas de Boscoreale y actualmente albergado en el Staatliche Museen de Berlín, como muestra de este tipo de lecho.

martes, 25 de noviembre de 2008

Esta recreación del lecho citado en el post anterior permite imaginar de forma más clara cómo era el mobiliario romano en una casa de clase media. Sin embargo a esto habría que unir el rico color de las telas que cubrirían los colchones y cojines de este lecho que según Polux serían "de color morado, verde oscuro, escarlata, violeta, con flores escarlatas, orlados de púrpura, con figuras de animales y cuajados de estrellas centelleantes".

domingo, 23 de noviembre de 2008

Si las mesas, en todas sus variedades, eran numerosas en una vivienda romana no lo eran menos los lechos, con mayores funciones que hoy. El hecho de comer recostados y atender a las visitas del mismo modo hacía necesaria la creación de distintos modelos según su funcionalidad.
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Ya fuese lechos para el descanso diurno o nocturno, lechos triclinares para la celebración de la cena, lechos conviviales para la exposición del difunto... existían numerosas variedades, aunque en su mayoría nos son totalmente desconocidas y sólo podemos imaginarlas a través de los textos dejados por los antiguos y por algunas representaciones pictóricas o escultóricas. Sin embargo no todo está perdido y la arqueología ha desvelado varios ejemplares que nos permiten reconstruir, al menos en parte, como eran algunos de estos muebles.
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Aunque los más conocidos son los lechos triclinares, con sus tres lechos unidos formando una "u", éstos no eran tan comunes y no todas las viviendas los poseían, sin embargo el lecho de descanso sí que aparecía en todas, ya fuese en forma de un triste camastro o en forma de elaboradísimos modelos con decoraciones de marqueterías, aplicaciones de bronce, plata y marfil o riquísimas tallas de madera. Los ejemplares más modestos son fáciles de imaginar, e incluso existen algunos ejemplares de época griega descubiertos en Egipto, pero los lechos de calidad presentaban numerosas variedades difícilmente reconstruibles hoy en día.
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El área vesubiana, una vez más, ha aportado varios ejemplares que permiten intuir los gustos del hombre romano en el siglo I d. de C. Aunque es más que probable que existiesen otras variedades, los restos arqueológicos hablan de dos modelos comunes, a saber, el lecho de respaldo alto y el lecho con cabecera decorada con fulcrum. El segundo tipo era el menos frecuente y el más lujoso, con una estructura de madera de calidad recubierta por apliques broncíneos de diversa temática aunque, en general, relativa al mundo dionisíaco. El primer tipo, en cambio, era muy frecuente y se han conservado sus huellas en varias viviendas, tanto de Pompeya como de Herculano.
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Se trata de lechos con una estructura básica de rejilla de cuero o madera asentada sobre patas metálicas o una estructura maciza de madera, con tres de sus lados cerrados por un respaldo alto y rica decoración. Dicho respaldo recibía toda la decoración y, por los restos descubiertos, se puede decir que se decoraba con casetones tallados similares a los de nuestras "puertas de cuarterones" o con ricas marqueterías1. Es fácil imaginarlos gracias a que en el período napoleónico se recrearon modelos parecidos y algunos de los "lits" de la Malmaison parisina rememoran ejemplares de la Antigüedad.
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Quizá uno de los ejemplares más lujosos descubierto es el expuesto arriba, procedente del Taller del Gemmario de la Insula Orientalis de Herculano. A pesar de encontrarse carbonizado son perfectamente discernibles las distintas decoraciones geométricas que decoraban el respaldo, que hablan de la alta calidad de los trabajos de ebanistería alcanzados en dos sencillas ciudades de provincias y que permiten imaginar el lujo que podrían presentar los muebles que decorasen las residencias imperiales o las ricas villas que pueblan media Europa y el norte de África.
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1. Excepcionalmente se ha conservado en Herculano un ejemplar en el que el respaldo está forrado de cuero y decorado con la técnica del capitoné, tan común en los tapizados victorianos o isabelinos.

domingo, 16 de noviembre de 2008

La gente de Región ha optado por olvidar su propia historia: muy pocos deben conservar una idea veraz de sus padres, de sus primeros pasos, de una edad dorada y adolescente que terminó de súbito en un momento de estupor y abandono. Tal vez la decadencia empieza una mañana de las postrimerías del verano con una reunión de militares, jinetes y rastreadores dispuestos a batir el monte en busca de un jugador de fortuna, el donjuán extranjero que una noche de casino se levantó con su honor y su dinero; la decadencia no es más que eso, la memoria y la polvareda de aquella cabalgata por el camino de Torce, el frenesí de una sociedad agotada y dispuesta a creer que iba a recobrar el honor ausente en una barranca de la Sierra, un montón de piezas de nácar y una venganza de sangre. A partir de entonces la polvareda se transforma en pasado y el pasado en honor: la memoria es un dedo tembloroso que unos años más tarde descorrerá los estores agujereados de la ventana del comedor para señalar la silueta orgullosa, temible y lejana del Monje donde, al parecer, han ido a perderse y concentrarse todas las ilusiones adolescentes que huyeron con el ruido de los caballos y los carruajes, que resucitan enfermas con el sonido de los motores y el eco de los disparos, mezclado al silbido de las espadañas al igual que en los días finales de aquella edad sin razón quedó unido al sonido acerbo y evocativo de triángulos y xilófonos. Porque el conocimiento disimula al tiempo que el recuerdo arde: con el zumbido del motor todo el pasado, las figuras de una familia y una adolescencia inertes, momificadas en un gesto de dolor tras la desaparición de los jinetes, se agita de nuevo con un mortuorio temblor: un frailero rechina y una puerta vacila, introduciendo desde el jardín abandonado una brisa de olor medicinal que hincha otra vez los agujereados estores, mostrando el abandono de esa casa y el vacío de este presente en el que, de tanto en tanto, resuena el eco de las caballerías.
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Volverás a Región, Juan Benet

domingo, 9 de noviembre de 2008

Arriba muestro dos detalles de sendas mesas procedentes de Herculano, que dan una idea de la riqueza que podían poseer los muebles de las casas pudientes. La pequeña cabeza de pantera, íntimamente asociada al mundo dionisíaco, o el lebrel corriendo son una mínima muestra de la riquísima ebanistería grecorromana, prácticamente desaparecida en su totalidad, que nos permiten imaginar los carísimos muebles mencionados por los autores antiguos, ejecutados con gran maestría y maderas lujosas procedentes de ayende de las fronteras del Imperio.
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La corriente de lodo ardiente que asoló la ciudad de Herculano carbonizó instantáneamente todo lo que encontró a su paso permitiendo, en el caso de la madera, conservar su estructura intacta, como se puede ver en las imágines, aunque los pequeños detalles y la finura de labra se hayan perdido para siempre. Los acabados que presentasen dichos muebles son desconocidos; según las pinturas pompeyanas que los muestran éstos presentaban la madera en color oscuro y brillante, probablemente protegida por barnices, pero es seguro que muchos de ellos, especialmente los de maderas de peor calidad, tuviesen acabados pintados, tal y como muestran algunos ejemplos procedentes de Egipto. Sea como sea, la elegancia de formas es indiscutible y es comprensible la fascinación que ejercieron en Europa durante su descubrimiento en el siglo XVIII.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Uno de los muebles más populares y conocidos del mundo romano es la mensa delphica o mesa circular sostenida por tres patas más o menos decoradas. Se han conservado sus restos en todo el Imperio Romano especialmente por el hecho de que muchas de ellas fueron fabricadas en mármol para ser expuestas en áreas abiertas, en general peristilos y jardines; sin embargo esas piezas eran escasas, sólo presentes en viviendas muy adineradas, siendo mucho más comunes las de madera, de las que se conservan únicamente algunos ejemplos.
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Este tipo de mesa procede de un prototipo helenístico probablemente inspirado en el trípode del Templo de Apolo en Delfos (1), de ahí su nombre, aunque en época romana su decoración aumentó, llegando a conseguir modelos muy barrocos. Por regla general la decoración se concentra en las patas, que presentan dos tercios de su superficie totalmente decorada. El pie acostumbra a representar una zarpa leonina o una pezuña bovina, mientras que la zona media puede decorarse con prótomos de león, grifo, seres humanos o incluso lebreles a la carrera, aunque hay muchas excepciones.
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Los ejemplares de madera son escasos y los más señalados son los procedentes de Herculano y Egipto, aunque no falten ejemplos procedentes de Inglaterra o Crimea. Quizás uno de los más bellos ejemplos sea la pequeña mesa que alberga el Ermitage de San Petersburgo, decorada con zarpas leoninas y prótomos de cisne, aunque los ejemplares procedentes de Herculano son los más variados y que más estudios han permitido llevar a cabo. Éstos últimos se encuentran fabricados en madera de abeto, procedente de las faldas del Vesubio y del monte Somma o de los lejanos Alpes; sólo futuros estudios dendrocronológicos permitirán saberlo. Presentan ensamblajes sencillos y, en ocasiones, el sobre se encontraba enriquecido con labores de marquetería, lo que aumentaría el valor del mueble.
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Estas mesas son de pequeño tamaño y eran frecuentemente usadas en los tricliniums, situadas a los pies del lectus triclinar para poder sostener bandejas y copas, tal y como muestran numerosos frescos del área vesubiana. Otros usos también eran frecuentes ya que no conocían los romanos tantas variedades de muebles como nosotros, así que lo mismo funcionaban como mesas de comedor que como pequeños expositores o muebles auxiliares. También es frecuente encontrar este tipo de mesa asociada con el mundo funerario apareciendo, con ofrendas, bajo las representaciones del difunto cuando éste está tendido sobre el lectus convivialis.
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Los ejemplares procedentes de Herculano pertenecen a contextos domésticos y, en general, proceden de viviendas adineradas por lo que se trata de piezas de calidad, como el ejemplar expuesto arriba, descubierto en la Casa de M. Pilius Primigenius Granianus.
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(1) Según los estudios llevados a cabo por Pernice en los años 30 este famoso trípode no era tal, sino una pequeña mesa de ofrendas.

domingo, 2 de noviembre de 2008

El mobiliario romano de ostentación se encontraba plagado de apliques e incrustaciones de diversos materiales que enriquecían una sencilla estructura de madera. Ya fuese bronce, plata, marfil, hueso, vidrio... el material empleado para embellecer el mobiliario, siempre lo hacía sobre una base de madera de calidad, que variaba dependiendo de la zona del Imperio en que fuese fabricado. Aunque esto es lo normal hay excepciones y se han descubierto piezas fabricadas en bronce o plata, lo que habla de la suntuosidad a la que se podía llegar en algunos momentos.
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Son pocos los muebles que se han descubierto completos o que permiten conocer su estructura original, pero los ejemplares conservados hablan de una opulencia que recuerda a las Cortes europeas del Barroco. Los cofres de Éfeso y Cumas o el trono ritual de la Villa de los Papiros de Herculano muestran una rica combinación de maderas nobles y placas de marfil bellamente labradas.
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Sin embargo, éstas son excepciones y lo normal es el descubrimiento de elementos aislados que permiten imaginar un mobiliario pesado y, en ocasiones, muy recargado. Los museos de medio mundo se encuentran poblados de elementos de dificil contextualización y que no son más que simples adornos que enriquecían dichos muebles. Por regla general se trata de pequeños frisos, plaquitas y máscaras de tema teatral o dionisíaco, puesto que habitualmente los muebles de ostentación decoraban salas de representación y de celebración, como oecus o tricliniums, aunque también son frecuentes las escenas de sacrificio o los bárbaros vencidos, más adecuados para otros ambientes como atrios o tablinums.
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Elegir un elemento entre la infinidad de adornos conservados es francamente difícil, pero a mí siempre me ha gustado esta pequeña cabeza de sátiro coronado de hiedra, fabricada en marfil, que probablemente rematase una herma de madera de calidad y que haría pareja con otra figura semejante, funcionando como soportes de un pequeño mueble, tal vez un asiento o un escabel. Como siempre en estos casos procede del área vesubiana, probablemente de Pompeya, y da una idea de la riqueza que podía presentar el mobiliario de una rica casa romana.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Que los poetas (valiéndonos de la palabra en su más amplia extensión y abarcando en ella a todos los artistas) sean una raza irritable, se da por supuesto; pero el "porqué" no me parece igualmente comprendido. Un artista no es artista sino gracias a un exquisito sentido de lo bello -sentido que le procura goces embriagadores pero que al tiempo implica, encierra, un sentido igualmente exquisito de toda deformidad y de toda desproporción-. Así, un daño, una injuria cometida con un poeta que es realmente poeta, le exaspera hasta un grado que a un entendimiento ordinario le parece en completa "desproporción" con la injusticia cometida. Los poetas ven la injusticia, "jamás" donde no existe, sino, y muy a menudo, allí donde los ojos no poéticos no la ven en absoluto. Por ello, la famosa irritabilidad poética no tiene relación con el "temperamento", entendido en el sentido vulgar, sino con una clarividencia por encima de lo corriente en lo relativo a lo falso y a lo injusto. Esta clarividencia no es otra cosa que un corolario de la viva percepción de lo verdadero, de la justicia, de la proporción; en una palabra de lo bello. Pero hay algo bien claro, el hombre que no es (a juicio del vulgo) "irritabilis", no es poeta en absoluto.
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Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire

lunes, 27 de octubre de 2008

"(...) Desde que quiero elevarme hacia la altura ya no tengo confianza en mí mismo, y ya nadie tiene confianza en mí, -¿cómo ocurrió esto?
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Me transformo demasiado rápidamente: mi hoy refuta a mi ayer. A menudo salto los escalones cuando subo, -esto no me lo perdona ningún escalón.
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Cuando estoy arriba, siempre me encuentro sólo. Nadie habla conmigo, el frío de la soledad me hace estremecer ¿Qué es lo que quiero yo en la altura?"
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Así habló Zaratustra, Friedrich Nietzsche

jueves, 23 de octubre de 2008

Este Sileno auloda o tañedor de aulós es un detalle de la decoración del oecus triclinar del criptopórtico de la Casa del Criptopórtico de Pompeya. Su presencia en un comedor no es de extrañar, tanto por la relación del mundo dionisíaco con el banquete como por la presencia de músicos durante los mismos.
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En la vida musical griega y romana los instrumentos más importantes fueron la lyra, la cítara y el aulós. Por regla general los dos primeros se usaban con acompañamiento de voz, mientras que el aulós se prefería con carácter solista. A pesar de ello también recibía acompañamiento vocal, aunque por tratarse de un instrumento de viento, precisaba la participación de dos intérpretes. Además de su uso lúdico era empleado en las elegías o canciones de duelos. Por suerte, entre los escasísimos fragmentos de notación musical grecorromana se han conservado dos composiciones de carácter funerario con acompañamiento de aulós, la Canción de Seikilos y el Llanto de Tecmessa, del siglo I y II-III d. de C. respectivamente:
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martes, 21 de octubre de 2008

Si hay una decoración pictórica romana que me guste por encima de todas es la del oecus situado en el criptopórtico de la llamada Casa del Criptopórtico en Pompeya. Ejecutada en el denominado II estilo pompeyano hacia 40-30 a. de C. es un claro ejemplo de la riqueza pictórica tardorrepublicana, heredera directa de las corrientes helenísticas.
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El II estilo pompeyano o estilo arquitectónico se caracteriza por representar arquitecturas fingidas más o menos elaboradas. Existen ejemplos soberbios, de una riqueza y complejidad compositiva sólo recuperada en el muy posterior Manierismo y Barroco europeo, como por ejemplo las decoraciones murales del triclinium de la Villa de Sabina Poppaea en Oplontis o algunos de los cubículums de la Villa de los Misterios en Pompeya. Por regla general muestran arquitecturas fantásticas que se abren a espacios imposibles en los que se suceden columnatas y edificios de gran riqueza decorativa. Sin embargo, dichas decoraciones a veces se simplifican y muestran imitaciones de mármoles polícromos sobre un pedestal en el que descansan ricas columnas, pilastras o, como en este caso, hermes o cariátides que soportan un entablamento más o menos elaborado. De hecho, este último tipo es el más común y se encuentran buenos ejemplos de ello en toda Italia, como las bellísimas decoraciones del Capitolio de Brescia o de la Casa de Augusto en Roma.
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El ejemplo que ilustro arriba es de este último tipo, aunque es de una calidad técnica no muy común entre las obras conservadas. A pesar de que ahora dichas pinturas han sido arrancadas de su emplazamiento original y se ha perdido el efecto real del conjunto, su excavación fue bien documentada por Maiuri por lo que conocemos como eran originalmente. Sobre un podio que imitaba mármoles polícromos descansan ricos hermes y cariátides de tipo dionisíaco (ménades, sátiros, Sileno...), unidos entre sí por guirnaldas vegetales, que soportaban un riquísimo entablamento de estuco constituido por prótomos taurinos que surgen de hojas de acanto y sobre éste una gran bóveda de cañón decorada con estucos geométricos de gran riqueza y variedad decorativa. Tras las figuras que soportan el entablamento aparece un falso muro sobre el que descansan pinax decorados con temas dionisíacos o teatrales y de los que ya expuse un ejemplo hace tiempo.
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El tema dionisíaco que prima sobre el conjunto se debe a que se trataba de un oecus triclinar usado, por tanto, para celebrar cenas. Así hermes y cariátides se acompañan de instrumentos musicales para acompañar la velada y algunos atributos relacionados con la abundancia, como el cuerno que porta la cariátide del ejemplo de arriba.
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Sin embargo, la Casa del Criptopórtico sufrió graves daños durante el terremoto del año 62 d. de C. y el criptopórtico dejó de tener una función de ostentación pasando a convertirse en un simple depósito de ánforas y alimentos, por lo que las pinturas comenzaron a sufrir numerosos deterioros y muestran huellas de abandono, especialmente en los numerosos grafittis que cubren las pinturas, destacando las luchas gladiatorias entre animales. Probablemente dichas pinturas habrían desaparecido bajo un nuevo enlucido decorado en IV estilo si no hubiese desaparecido Pompeya bajo varios metros de ceniza, por lo que hay que dar gracias por su conservación.

jueves, 16 de octubre de 2008

"Todos los recuerdos son rastros de lágrimas".
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2046, Wong Kar Wai

domingo, 12 de octubre de 2008

"En menos de diez años, creyendo maniobrar mi destino, fui llevado por los demás, por "esos" que siempre nos hacen y nos deshacen, aunque no los conozcamos siquiera, a mostrarme en tantos escenarios que ya no sé en cuál me toca trabajar. He vestido tantos trajes que ya no sé cuál me corresponde (...). Pero hay uno que prefiero a todos los demás: éste. Me lo dio el único hombre a quien, alguna vez, puse por encima de mí. Cuando lo derribaron, dejé de entenderme a mí mismo. Desde entonces no trato de explicarme nada. Soy semejante a esos autómatas que juegan al ajedrez, andan, tocan el pífano, repican el tambor, cuando les dan cuerda. Me faltaba representar un papel: el de ciego. En él estoy ahora".
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El siglo de las luces, Alejo Carpentier

viernes, 10 de octubre de 2008

Como ya hablé en un post anterior, la copia de obras famosas es rara en Pompeya, sin embargo hay honrosas excepciones, algunas de las cuales de alta calidad. Un ejemplo de ello es el grupo de Hermafrodita y sátiro luchando, pintura que copia un grupo estatuario helenístico creado en el siglo II-I a. de C. Este grupo es muy célebre, conservándose varias copias, siendo la más conocida la albergada en el Skulpture-Sammlung de Dresde, a pesar de que el ejemplar más completo procede una vez más del área vesubiana, en concreto de la Villa de Sabina Poppaea, esposa de Nerón, en Oplontis.
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El grupo en concreto muestra la lucha entre Hermafrodita y un sátiro tras haber confundido al primero con una ninfa dormida. Se trata de un tema muy del gusto romano, aficionado a los temas bucólicos y pastoriles, en los que aparecen enmarcados seres mitológicos, en especial sátiros y ménades. La viva policromía y el cuidado en el detalle enmarcan esta obra en el III estilo pompeyano, aunque ya muy tardío, puesto que este tipo de composición se hizo muy popular durante el siguiente período decorativo de la ciudad.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Hoy me he llevado una gran sorpresa al ver colgados en youtube algunos de los vídeos de las restauraciones en las que estuve trabajando con mi antigua empresa Tracer. Aunque yo no soy muy nostálgico y no me gusta echar la vista atrás debo reconocer que me han hecho rememorar montones de cosas y sobre todo recordar a mucha gente, aunque por suerte casi todos están ahí.
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Yo participé en la restauración de la Iglesia de Santa María de Tobed y en el Retablo mayor del Monasterio de San Jerónimo de Granada así que aquí cuelgo sus enlaces. Espero que sean interesantes!!!
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sábado, 4 de octubre de 2008

"La rosa, delicadamente enrojecida, despliega sus mejillas virginales para rendir honores a los habitantes de los cielos y mezclar en los templos su perfume al incienso de Saba... Cuando la estrella de la mañana se levanta, desde el fin de la noche, donde Febo hunde sus caballos en el abismo de Iberia, coged la mejorana allí donde teje una orla de sombras odoríferas, las flores del narciso y del granado silvestre... Y tú, Náyade, más bella... lleva en tus canastillas la violeta... y vosotros, campesinos que cortáis con un pulgar endurecido las tiernas flores, ha llevado el momento: en vuestro canasto trenzado con blanco mimbre amontonad los jacintos verdeoscuros; es el momento: que la rosa distienda las fibras de junco retorcido; que el pensamiento de color de fuego colme el canastillo hasta hacerle estallar, para que Vertumno se enriquezca con mercancías primaverales y el mozo de carga, con paso vacilante, tras abundantes libaciones, retorne de la ciudad cargado de monedas, con los bolsillos llenos".
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De re rustica, Columela

lunes, 29 de septiembre de 2008

Uno de mis últimos descubrimientos musicales ha sido Helecho, un grupo argentino que me ha dejado bastante sorprendido. Su disco "Plagio" es buenísimo y el tema "Queen bee" mi favorito; pura psicodelia setentera reinterpretada en el siglo XXI:
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sábado, 27 de septiembre de 2008

Una de las cosas más fascinantes de los tiempos pasados es su huella, especialmente cuando se trata del tiempo congelado; un momento de la vida cortado bruscamente que nos permite conocer detalles fascinantes del pasado. Quizá esto sea especialmente palpable en las ciudades del área vesubiana, por su indiscutible importancia histórica, sin embargo no hace falta retrotraerse al siglo I para recuperar esta visión de tiempos pretéritos, existen numerosos lugares que tuvieron que ser abandonados por unos motivos u otros y que son un magnífico ejemplo de ello, como Belchite, pueblo destruido durante la Guerra Civil Española, o Ainielle en el que se ambienta el magnífico libro "La lluvia amarilla" de Julio Llamazares.
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Sin embargo para mí el mundo romano tiene una importancia singular y los hallazgos pertenecientes a ese momento quizás son los que más me impresionan. Indudablemente las obras artísticas de gran calidad llaman poderosamente la atención, aunque las huellas palpables de la vida animal o vegetal son mucho más escasas y aportan una información mucho más valiosa en cuanto a las verdaderas formas de vida del pasado. Como he dicho en otras ocasiones, en el área vesubiana existen numerosos ejemplos de seres vivos que murieron durante la erupción volcánica y que nos hablan de la íntima relación entre el hombre romano y el entorno que le rodeaba. Pero no sólo el Golfo de Nápoles aporta una valiosa información al respecto, la sequedad del clima egipcio ha propiciado la conservación de importantes hallazgos, como el gato cubierto de garrapatas descubierto en Myos Hormos, o la humedad del suelo de turba inglés que ha permitido la conservación de importante material orgánico, en especial de tipo vegetal.
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A pesar de la presencia de hallazgos importantes por todo el Imperio Romano, éstos acostumbran a aparecer descontextualizados y aislados aportando una visión muy parcial de la vida en esos momentos. Sin embargo en las ciudades del área vesubiana la destrucción se produjo en un mismo momento, deteniendo el tiempo en el día 24 de agosto del año 79 de nuestra era, a pesar de que recientes descubrimientos hacen pensar que esta fecha no es correcta y que fuese unas semanas más tarde. Esta duda razonable ha surgido por los especímenes vegetales descubiertos en algunos puntos de la zona y que hablan del inicio del otoño, como es el caso de las granadas inmaduras almacenadas en la Villa de Lucius Crassius Tertius en Oplontis.
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Fuese cual fuese la fecha de destrucción no importa tanto como los restos que se han conservado gracias a ella. Quizá los más sorprendentes sean los pertenecientes a insectos, tanto por su fragilidad como por su pequeño tamaño. Su descubrimiento es reciente puesto que las técnicas de excavación han ido mejorando a lo largo de los años y nos hablan de importantes depósitos de material orgánico perdidos para siempre durante los primeros siglos de excavaciones. A pesar de ello no todo está perdido y todavía se pueden estudiar numerosos especímenes que probablemente se irán incrementando durante futuras excavaciones. El lugar donde mayor variedad de especies ha aparecido es el depósito de heno carbonizado de la misma Villa de Lucius Crassius Tertius citada arriba, en el que se han llegado a localizar incluso pulgones y larvas microscópicas de algunos insectos, aunque más singulares son los hallazgos de judías atacadas por escarabajos en el jardín de la Casa del Barco de Europa o la mosca, arriba expuesta, descubierta entre los macizos vegetales del jardín de la Casa de los Castos Amantes, ambas en Pompeya.
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Aunque estos hallazgos distan mucho de la espectacularidad, creo que es indudable que son mucho más cercanos a nosotros y nos acercan al hombre romano ¿o no podemos imaginarnos a una domina espantándose una mosca mientras limpiaba judías en su jardín?

martes, 23 de septiembre de 2008

Ahora que estoy con la cabeza en otro sitio y totalmente descolgado del blog aprovecho la oportunidad para mostrar la fotografía de mi compañero de fatigas, el gato Mika. Gracias a él he aguantado situaciones muy estresantes o de soledad total (por motivos laborales no personales ¿eh?); ya sea estando al borde de la depresión o más feliz que un demonio él siempre está ahí para acompañarme en cualquiera de las circunstancias, a pesar de que odia viajar y por mi trabajo ha recorrido media España.
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Este es un momento en el que tengo nuevos proyectos e ilusiones pero poco tiempo para dedicárselo a él, así que no puedo olvidarme de él y aprovecho para dedicar mi post a Mika, aunque creo que no ha leído nada de nada... todavía.

sábado, 20 de septiembre de 2008

"Hemos llegado a la época de los hombres dobles. No necesitamos espejos para hablar... solos".
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Pierrot le fou, Jean-Luc Godard

domingo, 14 de septiembre de 2008

"Los hombres -dijo el principito- se encierran en los "rápidos" pero no saben lo que buscan. Entonces se agitan y dan vueltas".
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El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

sábado, 6 de septiembre de 2008

"Aniquilar todo cuanto inocentemente te sale al paso es la manera que tienen los tiranos de desahogarse en momentos de confusión".
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Fausto, Goethe

domingo, 31 de agosto de 2008

De la multitud de divinidades que pueblan el panteón romano uno de los más representados es Venus. Diosa del amor y de la belleza es representada en las más variadas poses, aunque quizá la más común sea aquella que asocia su figura con el baño. A partir del ejemplar creado por Doidalsas de Bitinia en el siglo III a. de C. que representa a Venus agachada y desnuda miestras se asea, surgen varios modelos afines, aunque uno de los que gozó de mayor fama fue la Venus quitándose la sandalia.
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Este tema que copia un original desconocido del mismo siglo III a. de C., inspirado en la Victoria atándose la sandalia que decoraba el parapeto donde asienta el Templo de Atenea Niké en la Acrópolis de Atenas, representa a Venus desnuda o semivestida apoyada sobre un soporte -diferente según la copia- mientras se quita una de sus sandalias para acceder al baño. Existen numerosísimas copias de este modelo realizadas en diferentes materiales, aunque lo más común es su representación en mármol y bronce, y siempre en figuras de pequeño formato.
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En los siglos I a. de C. y I d. de C. lo habitual es su representación completamente desnuda y con sus cabellos anudados al cuello, en un peinado más o menos elaborado según las copias. Sin embargo, a partir del siglo II d. de C. se produce una barroquización del modelo añadiéndole un ampuloso manto al viento y siempre coronada. En unos casos u otros siempre aparece cargada de joyas, siendo en muchas ocasiones realizadas con materiales diferentes al de la propia estatua.
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Un ejemplar excepcional, aunque no por su calidad técnica, procede de Pompeya, de la Casa de la Venus en Bikini. Aunque es bien sabido que la escultura clásica se encontraba dorada y policromada, encontrar obras con su policromía bien conservada es muy raro, aunque nuevos estudios están sacando a la luz mucha información al respecto como el soberbio libro de Sophie Descamps-Lequime "Peinture et couleur dans le monde grec antique". Esta Venus posee importantísimas trazas de su policromía original, consistente en un bikini, un collar loop-in-loop, una gargantilla, brazaletes y sandalias dorados, y los cabellos y ojos de las figuras en rojo, aunque actualmente se encuentre muy degradado y no queden más que trazas.
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Aunque en conjunto sea una obra un tanto vulgar, con su soporte constituido por un Príapo itifálico y su pie sostenido por un pequeño erote, aporta una información inestimable para conocer como eran las policromías en la escultura antigua, habitualmente de vivos colores, algo inaudito hoy en día, completamente acostumbrados a contemplar los blancos mármoles griegos y romanos, lavados por el paso del tiempo y restauraciones más que dudosas llevadas a cabo en el pasado.

sábado, 30 de agosto de 2008

"Detestaba la felicidad de los simples y los ingenuos, y simultaneamente buscaba su compañía, como si ellos únicamente ellos, pudieran restañar esa profunda úlcera de mi desprecio, vertiendo siempre su pus de egolatría, una podredumbre de veneno dinamita. Con este crecimiento de la vanidad arreció también mi soberbia, y me juzgué un intocable, estatua de mármol blanco en la cual era un pecado proyectar una sombra".
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Escritor fracasado, Roberto Arlt

viernes, 29 de agosto de 2008

Hace años mi amiga Yoli me dio a conocer el grupo francés Mickey 3d y desde entonces soy seguidor suyo. Tiene temas fabulosos y uno de ellos, "Respire", además se acompaña de un video increible, aunque debo reconocer que no quisiera ver ese futuro que proyecta:
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lunes, 25 de agosto de 2008

Las pinturas murales del IV estilo pompeyano se caracterizan por presentar numerosos detalles decorativos repartidos por su superficie: guirnaldas, candelabros, pebeteros, figuras flotando sobre superficies neutras o albergadas en el interior de falsas hornacinas, etc. Dichos elementos acostumbran a ser meros motivos ornamentales, sin embargo, en ocasiones en medio de tal profusión decorativa encontramos figuras inspiradas en pinturas o esculturas célebres.
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Esto es poco común y sólo ocurre en casas pertenecientes a la élite pompeyana, quizá no tanto por ser personas especialmente cultivadas como por poder contratar a artistas de alto nivel con un repertorio decorativo inspirado en obras griegas clásicas o helenísticas. Un ejemplo de ello lo encontramos en la Casa de los Vettii en Pompeya, una ostentosa vivienda decorada completamente en IV estilo con magníficas copias de originales griegos.
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Un detalle del oecus "q" de dicha casa muestra una copia de un original helenístico, de autor desconocido, muy célebre en Pompeya, el sátiro aposkopos. Como se puede ver arriba se trata de un joven sátiro desnudo que porta en su mano derecha el pedum o bastón curvo de los pastores, mientras con la izquierda cubre sus ojos para protegerlos del sol. Es más que probable que esta figura formase parte de un grupo dionisíaco, pero los ejemplares llegados hasta nosotros lo han hecho aisladamente, ya sea a través de pinturas como las procedentes de la Casa de los Vettii o de Marco Lucrecio Fronto, o de estatuas como la procedente del jardín de la Casa de Marco Lucrecio.
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Son muy destacadas estas copias de obras célebres, porque de muchas de ellas no hay más que referencias bibliográficas o no se han reconocido entre las múltiples estatuas mutiladas que decoraban los museos arqueológicos de medio mundo, aportando una información valiosísima ya que suelen aparecer completas. De todos modos Pompeya ha aportado escasas copias de originales clásicos, siendo Herculano la que mayores y mejores ejemplos ha conservado, especialmente por el descubrimiento de la fastuosa Villa de los Pisones o de los Papiros, que albergaba más de cien esculturas de mármol y bronce que copiaban célebres obras griegas.

sábado, 23 de agosto de 2008

Frente a los castos amores de Marte y Venus en el III estilo pompeyano, durante el período de duración del IV estilo, surge un nuevo tipo de representación más carnal y más acorde con la imagen de Venus como diosa del Amor, que se convierte en una de las imágenes más populares de la iconografía pictórica pompeyana.
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Siempre aparece Venus semidesnuda recostada sobre Marte, habitualmente desnudo o símplemente cubierto por una clámide, acompañados por varios erotes que juegan con las armas de Marte. De esta forma, además de celebrar el matrimonio sagrado de ambas divinidades conmemoran la victoria del Amor sobre la Guerra.
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Esta representación suele aparecer en las estancias más destacadas de las viviendas y, normalmente, en aquellas abiertas a jardines, como el tablinum, el triclinium o una exedra u oecus. Sea como sea dichas divinidades aparecen humanizadas y recuerdan a las célebres escenas eróticas de la pintura romana, aunque en ellas prime el recato sobre el aspecto carnal. En su acercamiento al mundo de los humanos Venus suele representarse con joyas propias del siglo I d. de C., siendo una importante fuente de conocimiento del modo de uso de las mismas, como el collar tipo loop-in-loop que porta la Venus de la imagen, cruzado en el pecho y muy popular en el mundo romano.
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El ejemplo de arriba procede del tablinum de la Casa de Marte y Venus y actualmente se alberga en el Museo Archeologico di Napoli, y es un buen ejemplo para ilustrar este cambio en la iconografía de la escena, y que muestra una característica común en algunos de los artistas que trabajaron en el área vesubiana, la mirada de extrañamiento que poseen algunas de sus figuras, que muestran unos ojos desorbitados y una mirada ajena a lo que ocurre a su alrededor.

viernes, 22 de agosto de 2008

Uno de los temas más queridos dentro de la iconografía pompeyana es la representación de los amores de Marte y Venus. Representados aisladamente, acompañados por erotes, sirvientes u otras divinidades, la pareja sagrada puebla las paredes decoradas en el III y en el IV estilo. Ya se trate de casas humildes o las más señoriales es muy común encontrar su representación, cambiando únicamente la calidad de las pinturas.
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Tratándose Venus de la divinidad protectora de la ciudad de Pompeya no es de estrañar la presencia de su figura dentro del contexto doméstico, aunque sí sorprende el aspecto carnal de estas composiciones, en franco contraste con su imagen de Venus Física, representada como diosa victoriosa.
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Durante el período que dura el III estilo pompeyano la mayor parte de estas composiciones parten de un original griego desconocido en el que Marte aparece tras Venus, sentada, acariciándole uno de sus pechos, aunque se trate de una Venus recatada, completamente vestida, lo más con una túnica semitransparente que deja traslucir la forma del pecho. Sin embargo, en el último período de vida de la ciudad, en el que se desarrolla el IV estilo, esta composición cambia dando lugar a una escena mucho más erótica en la que Venus aparece semidesnuda abrazando a Marte, normalmente desnudo y con el casco dispuesto a sus pies. Esta transformación en el estilo de su representación quizá se deba a la teatralidad que se impone durante el reinado de Nerón, más que a una relajación de las costumbres romanas.
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El ejemplo de arriba era el emblema de una decoración del III estilo que decoraba el tablinum de la Casa de Marco Lucrecio Fronto, y hacía pareja con el Triunfo de Baco y Ariadna, haciendo alusión en ambos casos a parejas sagradas íntimamente relacionadas con la ciudad de Pompeya, Venus por su condición de protectora de la ciudad y de sus campos, y Baco por su condición de protector de las viñas y jardines, tan prósperos y tan importantes dentro de la economía pompeyana.
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Como ejemplo del III estilo aparece Venus entronizada y vestida de púrpura con Marte detrás suyo, acariciándole uno de sus pechos; aunque estas figuras son casi anecdóticas al aparecer tantos personajes en la composición. Desplazada a la izquierda, la escena de hierogamia se rodea por otras divinidades, probablemente divinidades matronales y nupciales no reconocibles, además de Mercurio y Cupido.
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Por su riqueza cromática y su compleja composición quizá se trate de una de las más bonitas imágenes que tratan este tema, a pesar del efectismo que poseen algunas de las composiciones del IV estilo, mucho más cercanas a la visión moderna del tema.

jueves, 21 de agosto de 2008

"(...) cuando somos niños nuestro nombre suena constantemente como una campanilla, y oímos que al paso de los años nuestro nombre se va apagando, y yo supongo que los que lleguen a viejos lo oirán como cada día se va amortiguando, de tal manera que la tierra se traga el nombre antes que el cuerpo".
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Oppiano Licario, José Lezama Lima

sábado, 16 de agosto de 2008

El jardín de la Casa de los Vettii en Pompeya es una muestra perfecta del jardín formal romano. Se caracteriza por presentar un peristilo canónico rodeado por columnatas en sus cuatro lados, que cierra un jardín poblado de fuentes y estatuillas de todo tipo.
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Entre los intercolumnios se disponen pedestales sobre los que descansan estatuillas que funcionaban como surtidores de fuentes de mármol dispuestas a sus pies, que debían producir un efecto sonoro similar al de las fuentes de tipo árabe, herederas directas de las de época romana. Mezcladas entre el follaje original, actualmente sustituido por plantas ornamentales distintas de las usadas en origen, se disponen un par de hermas báquicas, y decorando el sendero que recorre el jardín más fuentes marmóreas.
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Como es de esperar este jardín es absolutamente excepcional en Pompeya. La profusión y calidad de las piezas usadas en su decoración es poco común, ya que salvo contadas excepciones, los jardines pompeyanos presentan unas cuantas piezas estatuarias de baja calidad, si es que presentan alguna, albergadas en el interior de hornacinas o mezcladas entre el follaje. Incluso las fuentes, tan frecuentes en Pompeya, suelen estar construidas de obra más que labradas en mármol, material caro y suntuoso. Con todo, es probable que el jardín de la Casa de los Vettii sea un buen reflejo de la suntuosidad que debían presentar los lujosos horti y jardines de la nobleza de Roma, de los que únicamente quedan vestigios más que asombrosos en el caso de los Horti Lamiani o los Horti Maecenae, ambos en Roma.
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Tan célebre es este jardín, que numerosos artistas lo han fotografiado y pintado, como es el caso de Giorgio Sommer quien, a finales del siglo XIX, realizó una importante colección de fotografías de la ciudad de Pompeya fundamentales para conocer numerosos elementos actualmente perdidos, y a quien pertenece la fotografía de arriba.
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El año pasado hubo una exposición acerca del jardín en la Antigüedad (Ancient Gardens from Babylon to Rome) celebrada en los Jardines de Boboli en Florencia en la que se recreó este mismo jardín y en el que se expusieron todas las piezas que lo decoraban originalmente, además de otras piezas pertenecientes a otros jardines pompeyanos y de otras áreas del Imperio, ilustrando uno de los aspectos más desconocidos del mundo romano.
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Adjunto el enlace de dicha exposición:
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viernes, 15 de agosto de 2008

Las fuentes del tipo edícula son una de las diversas tipologías de fuentes que decoraban los jardines romanos, pero quizá la que más nos sorprende hoy en día, por su riqueza decorativa. En Pompeya se han descubierto varios ejemplos muy significativos, pero en el resto de Italia han aparecido otros ejemplos bien conservados habitualmente ligados a ninfeos, como ocurre en Pipiano o en Baiae, ambas en el Golfo de Nápoles, o en la misma Roma, como el descubierto bajo el Palazzo Massimo.
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Se trata de construcciones de mampostería en forma de templete ricamente decoradas con mosaicos, rocalla, conchas marinas y estatuas decorativas. El esquema formal se repite una y otra vez, pero las decoraciones varían en cada caso. Normalmente, como ocurre en el caso de arriba, se asientan sobre un zócalo de mármol blanco, sobre el que aparece un arco, rematado por un tímpano triangular, ricamente decorado con mosaicos polícromos y conchas marinas o con estucos polícromos, o la combinación de dichos elementos. La hornacina suele estar decorada con mosaicos, conchas y rocalla, creando riquísimos efectos decorativos. En el centro de dicha hornacina se dispone un surtidor del que mana agua que cae al estanque central a través de una escalera marmórea, motivo muy querido por los paisajistas romanos.
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El salto de agua se hacía a través de un surtidor que podía estar integrado en la decoración de la hornacina, como ocurre en el caso de arriba, o bien utilizar una estatua marmórea o broncínea con un surtidor integrado. Por los ejemplos conservados en Pompeya se sabe que una de las estatuas más utilizadas como surtidor de fuente es Sileno con el odre, de cuyo interior surgía el chorro de agua, y que se justifica por la consagración del jardín al dios Liber/Baco. Igualmente se utilizaban alusiones al mundo acuático, como representaciones de ríos, ya fuese el Sarno, río que circundaba la ciudad, o el Nilo si los habitantes de la casa tenían implicaciones religiosas en el culto de Isis. También son frecuentes los erotes de bronce, figuras hechas en serie de las que, en ocasiones, se han encontrado varios ejemplares de un mismo tipo, ya fuese en la misma Pompeya o en otras zonas del Imperio.
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A la gran riqueza decorativa de este tipo de fuente había que sumar las pinturas murales que decoraban los muros del peristilo que, por regla general, representaban jardines abiertos creando sensación de profundidad, y la vegetación circundante, normalmente árboles o arbustos siempreverdes como laureles, adelfas, bojs, mirtos o durillos. Tal era el efecto que producen dichas fuentes que las casas donde se utilizaron éstas se construyeron siguiendo un eje axial que parte desde la puerta de entrada atravesando el atrio y el tablinum hasta llegar al peristilo; de esta forma desde la calle se ofrecía un espectáculo de riqueza y suntuosidad que debía ser la envidia de la mayoría de los viandantes.
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En Pompeya existen algunos ejemplos excepcionales como son las fuentes de los peristilos de la Casa de la Pequeña Fuente, de la Gran Fuente o del Oso, y son una de las mayores atracciones en la visita a las excavaciones. En la Getty Villa de Malibu, dedicada a la exhibición de arte antiguo, se ha recreado el ejemplar que muestro arriba, que copia la fuente de la llamada Casa de la Gran Fuente de Pompeya, y que muestra un ejemplar en todo su esplendor, con sus saltos de agua y decoraciones intactas.
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La foto está tomada de:

jueves, 14 de agosto de 2008

Como ya he hablado en otras ocasiones, el jardín pompeyano se caracteriza por presentar abundantes plantas siempreverdes entre las que se mezclan fuentes y estatuas de diverso tipo. Por regla general las estatuas decorativas son de pequeño formato y están realizadas en mármol o bronce, y aluden al mundo de Venus o Liber/Baco. Así, es frecuente encontrar hermas de personajes relacionados con el mundo báquico o dionisíaco: Baco, Ariadna, Sileno, sátiros, ménades...; pinax y oscillums decorados con elementos asociados al culto báquico: panteras, máscaras, cistas místicas, delfines...; y estatuillas de diverso tipo, en general representaciones de Venus, erotes, figuras del cortejo dionisíaco y animales.
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Las estatuillas suelen estar asociadas con fuentes, bien actuando como surtidores o como simples adornos dispuestos alrededor suyo. Se han descubierto jardines con sus decoraciones estatuarias intactas, como es el caso de los presentes en la Casa de los Amores Dorados, la Casa de los Vettii o la Casa de Marco Lucrecio, permitiendo recrear la suntuosidad de dichos espacios, aun cuando en muchos casos los elementos decorativos fuesen de baja calidad técnica.
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Si el jardín poseía una fuente en forma de edícula o templete, la hornacina acostumbraba a albergar una estatuilla que bien actuaba de surtidor, como en el ejemplo de la fotografía en el que el agua surgía de la boca del delfín que porta el erote, o bien de un surtidor dispuesto a sus pies. Esto mismo ocurría en los casos en los que se utilizaban fuentes y labrums de mármol labrado dispuestos entre los intercolumnios de los peristilos, en los que se utilizaban estatuillas, elevadas sobre pedestales, que lanzaban agua sobre ellas, y que presenta su máxima representación en el jardín de la Casa de los Vettii en Pompeya. Aunque lo más común eran estanques dispuestos al ras del suelo en el que podía aparecer un surtidor central con decoración figurativa o no, y estatuillas dispuestas a su alrededor, que podían actuar como surtidores o como simples elementos decorativos.
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Actualmente, salvo contadas excepciones, los jardines de las casas pompeyanas se encuentran vacíos, por lo que es difícil imaginar su riqueza original, a pesar de que lo más común es que las estatuillas y elementos decorativos fuesen de producción local y de escaso valor artístico. Sin embargo, los ricos colores con los que debían ir policromados dichos elementos y su presencia en medio del follaje debía ofrecer un bonito espectáculo.
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La estatuilla que muestro arriba decoraba uno de estos jardines, en concreto el de la Casa de la Fortuna, y actuaba como surtidor de un labrum de mármol dispuesto entre los intercolumnios del peristilo de la misma, y sorprende por su calidad en medio de la mediocridad del resto de elementos que decoraban dicho jardín.


domingo, 10 de agosto de 2008

Considero muy razonable la creencia céltica de que las almas de los seres perdidos están sufriendo cautiverio en el cuerpo de un ser inferior, un animal, un vegetal o una cosa inanimada, perdidos para nosotros hasta el día, que para muchos nunca llega, en que sucede que pasamos al lado del árbol, o que entramos en posesión del objeto que les sirve de cárcel. Entonces se estremecen, nos llaman, y en cuanto los reconocemos se rompe el maleficio. Y liberados por nosotros, vencen a la muerte y tornan a vivir en nuestra compañía.
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Así ocurre con nuestro pasado. Es trabajo perdido el querer evocarlo, e inútiles todos los afanes de nuestra inteligencia. Ocúltase fuera de sus dominios y de su alcance, en un objeto material (en la sensación que ese objeto material nos daría) que no sospechamos. Y del azar depende que nos encontremos con ese objeto antes de que nos llegue la muerte, o que no le encontremos nunca.
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"Por el camino de Swann"; En busca del tiempo perdido, Marcel Proust

viernes, 8 de agosto de 2008

¡Damas y caballeros, bienvenidos a la violencia! De palabra y acción, porque la violencia puede manifestarse de muchos aspectos... aunque su preferido es el sexo. La violencia debora todo lo que toca. Su apetito casi nunca está satisfecho, sin importar lo que destruya (...).
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Examinemos esta nueva y maligna creación bajo el aspecto de un cuerpo femenino... brillante y lustroso; un cuerpo dócil y flexible ¡Pero atención, no bajen la guardia! Esta especie causa estragos sóla o en grupos, sin importarle el lugar, el momento ni a quien (...).
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Faster, Pussicat! Kill! Kill!, Russ Meyer
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jueves, 7 de agosto de 2008

Los primeros ejemplos de decoraciones murales de época romana son aquellos que pertenecen al denominado I estilo pompeyano. De origen helenístico, se caracteriza por imitar incrustaciones de mármoles lujosos, desarrollándose entre finales del siglo II e inicios del siglo I a. de C. Es un estilo monótono y repetitivo, en el que siempre se imitan con estucos labrados las distintas lastras marmóreas, componiendo decoraciones más o menos lujosas que, excepcionalmente, se ven enriquecidas con frisos decorativos ya sean de tipo vegetal o figurativo.
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Aunque se conservan originales helenísticos en la isla griega de Delos, los ejemplos mejor conservados y en mayor número se encuentran en la ciudad de Pompeya. Se conservan todo tipo de ambientes decorados en este estilo, ya sea atrios, cubículums, peristilos..., que guardan una extraordinaria similitud en sus decoraciones. Por regla general presentan un zócalo liso sobre el que se disponen varias bandas de lastras marmóreas coronadas por varias cornisas de estuco y éstas, a su vez, presentan sobre ellas un área sin decoración, pintada en un color liso, o más raramente un friso compuesto por semicolumnas o triglifos y metopas.
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Ejemplos bien conservados hay muchos, pero quizás uno de los conjuntos más destacados es el de la Casa de Salustio en Pompeya. Conserva decoraciones de I estilo en el atrio y en las estancias que se abren a éste, el tablinum, las alae y algunos cubículums. Destaca esta decoración por su magnificencia y suntuosidad que debía recordar bastante a las riquísimas decoraciones de los palacios de las cortes helenísticas. Aunque estas pinturas actualmente están deslustradas, el grabado de arriba muestra la riqueza de color que presentaban dichas decoraciones durante su descubrimiento y da una idea de la riqueza decorativa que podía presentar el atrio de una vivienda suntuosa.
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En recientes excavaciones llevadas a cabo en la misma ciudad de Pompeya se ha descubierto un nuevo estilo decorativo anterior al I estilo. Se trata del llamado "estilo cero", que data del período samnita (siglo IV a. de C.), que es similar a las pinturas murales descubiertas en algunas fosas de inhumación de la misma época actualmente albergadas en el Museo Archeologico Nazionale di Napoli, y que nos habla de casas suntuosas en un tiempo muy anterior al que se venía pensando hasta ahora.

martes, 5 de agosto de 2008

Para aliviar el rigor estival y reirme un poco vuelvo a hacer una incursión en el mundo de Helen Richardson. Por fin he podido ver, o al menos lo he intentado, una de sus películas y puedo constatar que es malísima, cargada de tópicos y actuaciones más que dudosas, pero sus actuaciones musicales son tremendas, sin ningún desperdicio. La película en cuestión es Don y de ahí extraigo dos números, el primero en el que aparece Helen con su compañero de reparto Amitabh Bachchan, uno de los grandes galanes del cine hindú, y el segundo en el que aparece Amitabh en un numerito que poco o nada tiene que envidiar al mismísimo Peret. Espectacular!!!
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viernes, 1 de agosto de 2008

Una de las más bellas películas que he visto es, sin duda, Pather Panchali (La canción del camino) perteneciente a la Trilogía de Apu del director bengalí Satyajit Ray. Narra la infancia del protagonista, Apu, haciendo especial hincapié en la influencia de su hermana Durga, un personaje entrañable donde los haya, que fascina en cada una de las escenas en las que aparece. Desde luego para mí es una de las películas imprescindibles en la historia del cine.
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Como ejemplo muestro una escena bellísima en la que Apu y Durga descubren algo desconocido en su mundo de absoluta pobreza, el paso de un tren:
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miércoles, 30 de julio de 2008

Narciso mirando su reflejo en la fuente es uno de los temas más queridos en la iconografía del área vesubiana. Ya fuese como imagen del amor imposible o como tema moralizante su presencia está atestiguada en innumerables casas.
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Cuando al inicio de mi andadura en este blog hablé de la Caridad romana asocié el tema de la caridad con el de la modestia, que es representada con la imagen de Narciso. Ambos temas aparecen representados, en ocasiones, en dormitorios infantiles para que actuasen de recuerdo de que todo hombre romano debía practicar la caridad con sus semejantes y ser modestos, para no atraer la desgracia sobre su persona y su familia. Sorprende la utilización de la figura de Narciso como ejemplo moralizador, aunque su muerte a causa de la tristeza producida por no poder alcanzar el amor de la persona amada, él mismo, debía impresionar a las mentes infantiles.
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El ejemplo de arriba decora un cubículum de la Casa de Marco Lucrecio Frontón en Pompeya en el que aparece dicha asociación. Además, para confirmar el carácter moralizante de ambas pinturas, el emblema que representa a Micón y Perona presenta un epigrama que reza: "En la tristeza se produce la reunión entre la piedad y la modestia".
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Pero no siempre tiene esta representación un carácter moralizante; este mito justifica la aparición de una flor en la naturaleza, el narciso, por lo que es frecuente encontrar su representación asociada a ambientes abiertos al jardín. Y su carácter de amor fatal hizo que fuese un tema muy popular en el IV estilo pompeyano.

martes, 29 de julio de 2008

Una de las más famosas escenas de la historia del cine es aquella que muestra a Anita Ekberg dándose un baño en la Fontana de Trevi. La escena en cuestión pertenece a La Dolce Vita de Federico Fellini, y la película es soberbia, sin embargo para mí una de las mejores secuencias de todo el cine de Fellini es el desfile eclesiástico de la película Roma. Su causticidad es terrible:
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jueves, 24 de julio de 2008

Íntimamente asociado a la presencia de aves en el jardín pompeyano es el descubrimiento en algunos de ellos de máscaras bebederos para pájaros, como el ejemplar de arriba. Se caracterizan por ser pequeños vasos cerámicos en forma de cabeza de sátiro con la boca muy abierta de la que surge un falo móvil, a modo de lengua, que servía de apoyo a las aves mientras bebían.
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Presentaban anillas de suspensión, como en este ejemplar a modo de orejas, ya que se colgaban de las ramas de los árboles. Y para confirmar su uso como bebederos en el interior de los mismos aparecen falos voladores a modo de aves; este detalle decorativo de claro poder profiláctico quizá tuviera la función de contrarrestar la posible intrusión en la casa de algún ave considerada de mal aguero, tal era su superstición.

miércoles, 23 de julio de 2008

Testimonio de un clima mucho más húmedo que el actual es la frecuente representación del calamón común (porphyrio porphyrio) en las pinturas murales pompeyanas. Su presencia debía ser común en la zona, en especial por la localización de la desembocadura del río Sarno junto a la ciudad de Pompeya, que se caracterizaba por presentar una marisma con numerosas dunas cubiertas de cañas y vegetación, su hábitat habitual.
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Actualmente el río Sarno ha cambiado su curso y el clima es mucho más cálido lo que ha hecho que ésta y otras muchas aves acuáticas hayan abandonado el sur de Italia, conociendo su existencia únicamente por las referencias de los autores clásicos, en especial Plinio el Viejo, y sus representaciones artísticas.
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Entre las muchas representaciones del calamón quizá la más bella sea ésta que, como la paloma torcaz del post anterior, decoraba un oecus abierto al jardín de la Casa del Brazalete de Oro en Pompeya. Aquí aparece en un contexto naturalista, mezclado entre la vegetación, pero la representación más frecuente es aquella que lo muestra sobre un fondo neutro picoteando frutas del suelo, y que es como aparece en la Casa de Julio Polybio o en la Casa de la Pequeña Fuente.

martes, 22 de julio de 2008

El jardín romano no era un jardín silencioso; las pinturas que los representan muestran un universo poblado de fuentes con numerosos surtidores e infinidad de aves y animales mezclados en el follaje. Los pequeños animales que vivían allí, bien podían ser criados en la casa, bien podían visitarlo ocasionalmente, en especial algunos tipos de aves. Sea como sea la presencia de numerosas plantas siempreverdes y fuentes debía ser un buen reclamo para la vida natural y así parece demostrarlo la arqueología en el área vesubiana.
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Los jardines de las villas y viviendas del agro pompeyano presentaban fuentes y estanques, arriates de flores, árboles ornamentales o frutales, parras y setos de boj y mirto, lo que los hacía muy adecuados para la vida de diferentes animales. Allí debían vivir numerosas aves, sin embargo sus restos son escasos, probablemente por haber tenido la posibilidad de huir por el aire durante los primeros momentos de la erupción volcánica. Los restos conservados pertenecen, en su mayoría, a restos de banquetes en los que fueron consumidos, aunque hay algunas excepciones como el nido con huevos de tórtola descubierto en un arbusto de laurel presente en el peristilo de la Casa del Fauno en Pompeya o los numerosos restos de columbarios o palomares utilizados para la cría de pichones. Sin embargo, la ausencia de sus restos no significa nada puesto que debían ser muy comunes, sobre todo si nos atenemos a sus numerosas representaciones en las decoraciones murales de la época, y a su perfecto conocimiento de los especímenes.
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La Casa del Brazalete de Oro en Pompeya poseía una riquísima decoración del III estilo, en las estancias abiertas al jardín, que reproduce jardines urbanos poblados de aves. Estas pinturas son naturalistas y permiten reconocer perfectamente las especies representadas, siendo un verdadero repertorio de las plantas, aves, e incluso insectos, que habitaban en la región durante el siglo I d. de C. Las plantas están representadas en su momento de mayor esplendor, por lo que no podrían coexistir en la misma época del año, pero crean un efecto decorativo bellísimo. Con las aves ocurre lo mismo, están representadas muchas de las aves que habitaban la zona, incluyendo las especies estacionales, que hablan de una región más fresca y húmeda que la actual en la que habitaban numerosas aves acuáticas que hace siglos abandonaron el Golfo de Nápoles.
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Allí se pueden ver golondrinas, gorriones, mirlos, oropéndolas, urracas, perdices griegas, garzas y un largo etcétera. Tres son los tipos de palomas representados, la paloma bravía o común, la zurita y la torcaz, que aparece en la fotografía, que presentan unos tipos anatómicos tan perfectos que son claramente diferenciables unas de otras, como el resto de aves representadas.