domingo, 9 de noviembre de 2008

Arriba muestro dos detalles de sendas mesas procedentes de Herculano, que dan una idea de la riqueza que podían poseer los muebles de las casas pudientes. La pequeña cabeza de pantera, íntimamente asociada al mundo dionisíaco, o el lebrel corriendo son una mínima muestra de la riquísima ebanistería grecorromana, prácticamente desaparecida en su totalidad, que nos permiten imaginar los carísimos muebles mencionados por los autores antiguos, ejecutados con gran maestría y maderas lujosas procedentes de ayende de las fronteras del Imperio.
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La corriente de lodo ardiente que asoló la ciudad de Herculano carbonizó instantáneamente todo lo que encontró a su paso permitiendo, en el caso de la madera, conservar su estructura intacta, como se puede ver en las imágines, aunque los pequeños detalles y la finura de labra se hayan perdido para siempre. Los acabados que presentasen dichos muebles son desconocidos; según las pinturas pompeyanas que los muestran éstos presentaban la madera en color oscuro y brillante, probablemente protegida por barnices, pero es seguro que muchos de ellos, especialmente los de maderas de peor calidad, tuviesen acabados pintados, tal y como muestran algunos ejemplos procedentes de Egipto. Sea como sea, la elegancia de formas es indiscutible y es comprensible la fascinación que ejercieron en Europa durante su descubrimiento en el siglo XVIII.

2 comentarios:

M@riel dijo...

¡Qué maravilla de objetos! Es asombrosa la manera en la que se han conservado; al contemplarlos me siento como si tuviese la oportunidad de asomarme a una verdadera casa romana.
Un abrazo.

El llano Galvín dijo...

Es cierto, cosas así permiten hacerse una idea de como podía ser el día a día de un romano del siglo I. Un abrazo!!!