viernes, 15 de agosto de 2008

Las fuentes del tipo edícula son una de las diversas tipologías de fuentes que decoraban los jardines romanos, pero quizá la que más nos sorprende hoy en día, por su riqueza decorativa. En Pompeya se han descubierto varios ejemplos muy significativos, pero en el resto de Italia han aparecido otros ejemplos bien conservados habitualmente ligados a ninfeos, como ocurre en Pipiano o en Baiae, ambas en el Golfo de Nápoles, o en la misma Roma, como el descubierto bajo el Palazzo Massimo.
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Se trata de construcciones de mampostería en forma de templete ricamente decoradas con mosaicos, rocalla, conchas marinas y estatuas decorativas. El esquema formal se repite una y otra vez, pero las decoraciones varían en cada caso. Normalmente, como ocurre en el caso de arriba, se asientan sobre un zócalo de mármol blanco, sobre el que aparece un arco, rematado por un tímpano triangular, ricamente decorado con mosaicos polícromos y conchas marinas o con estucos polícromos, o la combinación de dichos elementos. La hornacina suele estar decorada con mosaicos, conchas y rocalla, creando riquísimos efectos decorativos. En el centro de dicha hornacina se dispone un surtidor del que mana agua que cae al estanque central a través de una escalera marmórea, motivo muy querido por los paisajistas romanos.
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El salto de agua se hacía a través de un surtidor que podía estar integrado en la decoración de la hornacina, como ocurre en el caso de arriba, o bien utilizar una estatua marmórea o broncínea con un surtidor integrado. Por los ejemplos conservados en Pompeya se sabe que una de las estatuas más utilizadas como surtidor de fuente es Sileno con el odre, de cuyo interior surgía el chorro de agua, y que se justifica por la consagración del jardín al dios Liber/Baco. Igualmente se utilizaban alusiones al mundo acuático, como representaciones de ríos, ya fuese el Sarno, río que circundaba la ciudad, o el Nilo si los habitantes de la casa tenían implicaciones religiosas en el culto de Isis. También son frecuentes los erotes de bronce, figuras hechas en serie de las que, en ocasiones, se han encontrado varios ejemplares de un mismo tipo, ya fuese en la misma Pompeya o en otras zonas del Imperio.
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A la gran riqueza decorativa de este tipo de fuente había que sumar las pinturas murales que decoraban los muros del peristilo que, por regla general, representaban jardines abiertos creando sensación de profundidad, y la vegetación circundante, normalmente árboles o arbustos siempreverdes como laureles, adelfas, bojs, mirtos o durillos. Tal era el efecto que producen dichas fuentes que las casas donde se utilizaron éstas se construyeron siguiendo un eje axial que parte desde la puerta de entrada atravesando el atrio y el tablinum hasta llegar al peristilo; de esta forma desde la calle se ofrecía un espectáculo de riqueza y suntuosidad que debía ser la envidia de la mayoría de los viandantes.
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En Pompeya existen algunos ejemplos excepcionales como son las fuentes de los peristilos de la Casa de la Pequeña Fuente, de la Gran Fuente o del Oso, y son una de las mayores atracciones en la visita a las excavaciones. En la Getty Villa de Malibu, dedicada a la exhibición de arte antiguo, se ha recreado el ejemplar que muestro arriba, que copia la fuente de la llamada Casa de la Gran Fuente de Pompeya, y que muestra un ejemplar en todo su esplendor, con sus saltos de agua y decoraciones intactas.
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La foto está tomada de:

jueves, 14 de agosto de 2008

Como ya he hablado en otras ocasiones, el jardín pompeyano se caracteriza por presentar abundantes plantas siempreverdes entre las que se mezclan fuentes y estatuas de diverso tipo. Por regla general las estatuas decorativas son de pequeño formato y están realizadas en mármol o bronce, y aluden al mundo de Venus o Liber/Baco. Así, es frecuente encontrar hermas de personajes relacionados con el mundo báquico o dionisíaco: Baco, Ariadna, Sileno, sátiros, ménades...; pinax y oscillums decorados con elementos asociados al culto báquico: panteras, máscaras, cistas místicas, delfines...; y estatuillas de diverso tipo, en general representaciones de Venus, erotes, figuras del cortejo dionisíaco y animales.
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Las estatuillas suelen estar asociadas con fuentes, bien actuando como surtidores o como simples adornos dispuestos alrededor suyo. Se han descubierto jardines con sus decoraciones estatuarias intactas, como es el caso de los presentes en la Casa de los Amores Dorados, la Casa de los Vettii o la Casa de Marco Lucrecio, permitiendo recrear la suntuosidad de dichos espacios, aun cuando en muchos casos los elementos decorativos fuesen de baja calidad técnica.
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Si el jardín poseía una fuente en forma de edícula o templete, la hornacina acostumbraba a albergar una estatuilla que bien actuaba de surtidor, como en el ejemplo de la fotografía en el que el agua surgía de la boca del delfín que porta el erote, o bien de un surtidor dispuesto a sus pies. Esto mismo ocurría en los casos en los que se utilizaban fuentes y labrums de mármol labrado dispuestos entre los intercolumnios de los peristilos, en los que se utilizaban estatuillas, elevadas sobre pedestales, que lanzaban agua sobre ellas, y que presenta su máxima representación en el jardín de la Casa de los Vettii en Pompeya. Aunque lo más común eran estanques dispuestos al ras del suelo en el que podía aparecer un surtidor central con decoración figurativa o no, y estatuillas dispuestas a su alrededor, que podían actuar como surtidores o como simples elementos decorativos.
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Actualmente, salvo contadas excepciones, los jardines de las casas pompeyanas se encuentran vacíos, por lo que es difícil imaginar su riqueza original, a pesar de que lo más común es que las estatuillas y elementos decorativos fuesen de producción local y de escaso valor artístico. Sin embargo, los ricos colores con los que debían ir policromados dichos elementos y su presencia en medio del follaje debía ofrecer un bonito espectáculo.
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La estatuilla que muestro arriba decoraba uno de estos jardines, en concreto el de la Casa de la Fortuna, y actuaba como surtidor de un labrum de mármol dispuesto entre los intercolumnios del peristilo de la misma, y sorprende por su calidad en medio de la mediocridad del resto de elementos que decoraban dicho jardín.


domingo, 10 de agosto de 2008

Considero muy razonable la creencia céltica de que las almas de los seres perdidos están sufriendo cautiverio en el cuerpo de un ser inferior, un animal, un vegetal o una cosa inanimada, perdidos para nosotros hasta el día, que para muchos nunca llega, en que sucede que pasamos al lado del árbol, o que entramos en posesión del objeto que les sirve de cárcel. Entonces se estremecen, nos llaman, y en cuanto los reconocemos se rompe el maleficio. Y liberados por nosotros, vencen a la muerte y tornan a vivir en nuestra compañía.
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Así ocurre con nuestro pasado. Es trabajo perdido el querer evocarlo, e inútiles todos los afanes de nuestra inteligencia. Ocúltase fuera de sus dominios y de su alcance, en un objeto material (en la sensación que ese objeto material nos daría) que no sospechamos. Y del azar depende que nos encontremos con ese objeto antes de que nos llegue la muerte, o que no le encontremos nunca.
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"Por el camino de Swann"; En busca del tiempo perdido, Marcel Proust

viernes, 8 de agosto de 2008

¡Damas y caballeros, bienvenidos a la violencia! De palabra y acción, porque la violencia puede manifestarse de muchos aspectos... aunque su preferido es el sexo. La violencia debora todo lo que toca. Su apetito casi nunca está satisfecho, sin importar lo que destruya (...).
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Examinemos esta nueva y maligna creación bajo el aspecto de un cuerpo femenino... brillante y lustroso; un cuerpo dócil y flexible ¡Pero atención, no bajen la guardia! Esta especie causa estragos sóla o en grupos, sin importarle el lugar, el momento ni a quien (...).
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Faster, Pussicat! Kill! Kill!, Russ Meyer
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jueves, 7 de agosto de 2008

Los primeros ejemplos de decoraciones murales de época romana son aquellos que pertenecen al denominado I estilo pompeyano. De origen helenístico, se caracteriza por imitar incrustaciones de mármoles lujosos, desarrollándose entre finales del siglo II e inicios del siglo I a. de C. Es un estilo monótono y repetitivo, en el que siempre se imitan con estucos labrados las distintas lastras marmóreas, componiendo decoraciones más o menos lujosas que, excepcionalmente, se ven enriquecidas con frisos decorativos ya sean de tipo vegetal o figurativo.
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Aunque se conservan originales helenísticos en la isla griega de Delos, los ejemplos mejor conservados y en mayor número se encuentran en la ciudad de Pompeya. Se conservan todo tipo de ambientes decorados en este estilo, ya sea atrios, cubículums, peristilos..., que guardan una extraordinaria similitud en sus decoraciones. Por regla general presentan un zócalo liso sobre el que se disponen varias bandas de lastras marmóreas coronadas por varias cornisas de estuco y éstas, a su vez, presentan sobre ellas un área sin decoración, pintada en un color liso, o más raramente un friso compuesto por semicolumnas o triglifos y metopas.
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Ejemplos bien conservados hay muchos, pero quizás uno de los conjuntos más destacados es el de la Casa de Salustio en Pompeya. Conserva decoraciones de I estilo en el atrio y en las estancias que se abren a éste, el tablinum, las alae y algunos cubículums. Destaca esta decoración por su magnificencia y suntuosidad que debía recordar bastante a las riquísimas decoraciones de los palacios de las cortes helenísticas. Aunque estas pinturas actualmente están deslustradas, el grabado de arriba muestra la riqueza de color que presentaban dichas decoraciones durante su descubrimiento y da una idea de la riqueza decorativa que podía presentar el atrio de una vivienda suntuosa.
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En recientes excavaciones llevadas a cabo en la misma ciudad de Pompeya se ha descubierto un nuevo estilo decorativo anterior al I estilo. Se trata del llamado "estilo cero", que data del período samnita (siglo IV a. de C.), que es similar a las pinturas murales descubiertas en algunas fosas de inhumación de la misma época actualmente albergadas en el Museo Archeologico Nazionale di Napoli, y que nos habla de casas suntuosas en un tiempo muy anterior al que se venía pensando hasta ahora.

martes, 5 de agosto de 2008

Para aliviar el rigor estival y reirme un poco vuelvo a hacer una incursión en el mundo de Helen Richardson. Por fin he podido ver, o al menos lo he intentado, una de sus películas y puedo constatar que es malísima, cargada de tópicos y actuaciones más que dudosas, pero sus actuaciones musicales son tremendas, sin ningún desperdicio. La película en cuestión es Don y de ahí extraigo dos números, el primero en el que aparece Helen con su compañero de reparto Amitabh Bachchan, uno de los grandes galanes del cine hindú, y el segundo en el que aparece Amitabh en un numerito que poco o nada tiene que envidiar al mismísimo Peret. Espectacular!!!
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viernes, 1 de agosto de 2008

Una de las más bellas películas que he visto es, sin duda, Pather Panchali (La canción del camino) perteneciente a la Trilogía de Apu del director bengalí Satyajit Ray. Narra la infancia del protagonista, Apu, haciendo especial hincapié en la influencia de su hermana Durga, un personaje entrañable donde los haya, que fascina en cada una de las escenas en las que aparece. Desde luego para mí es una de las películas imprescindibles en la historia del cine.
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Como ejemplo muestro una escena bellísima en la que Apu y Durga descubren algo desconocido en su mundo de absoluta pobreza, el paso de un tren:
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